La Cruz de Caravaca

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La Cruz de Caravaca se inserta dentro de las llamadas cruces orientales y su fisonomía tiene una clara conexión con el Lignum Crucis Patriarcal de la Iglesia ortodoxa.

La fecha de la aparición de la Cruz señalada por la tradición es el día 3 de mayo del año 1231. Gobernaba Caravaca el sayid almohade Ceyt-Abuceyt, quien tras una rebelión popular, perdió el trono del reino de Valencia y se retiró a Caravaca. Se cuenta que entre los prisioneros cristianos se encontraba el sacerdote de Cuenca, Ginés Pérez Chirinos. Ceyt-Abuceyt interrogó a los cautivos sobre cuáles eran sus ocupaciones, con el fin de rentabilizarlos en provecho propio; y al llegar al presbítero, este contestó que era sacerdote de Dios y que, aparte de ganar almas para el Cielo, su principal ocupación era la celebración diaria de la Eucaristía. La supersticiosa curiosidad del reyezuelo moro provocó que mandara preparar todo lo necesario para que Ginés Perez Chirinos celebrara aquel ritual en su presencia. Traído desde Cuenca todo lo necesario para el acto, comenzó la celebración litúrgica en el salón principal del alcázar. Al poco el celebrante se detuvo y manifestó al rey la imposibilidad de proseguir con el acto, ya que se percató de que en el altar no había ningún crucifijo. Fue en ese preciso momento cuando aparecieron sobre el altar dos ángeles que portaban una cruz de doble brazo que depositaron sobre el altar. Tras este hecho milagroso, Ceyt-Abuceyt se convirtió al cristianismo, bautizándose y adoptando el nombre de Vicente Bellvis. Después de su conversión, el que fue sayid se puso a las órdenes del rey Jaime I, colaborando con él en la reconquista de Valencia, por lo que se le concedió el señorío de Villahermosa.

A partir de ese momento, la Cruz se comenzó a venerar en Caravaca y en toda la comarca natural; su historia y milagros se difundieron con gran rapidez en el antiguo Reino de Murcia y demás reinos peninsulares, lo que contribuyó a generar corrientes de peregrinación. Además, a partir del s. XVI, la imagen de la Cruz de Caravaca está muy presente en Europa, Sudamérica y algunas regiones de Asia, debido a la labor misionera que llevaron a cabo los franciscanos y jesuitas, principalmente.

La Cruz de Caravaca tiene concedido por la Iglesia Católica el culto de latría, por lo que se le dispensa la misma importancia que a otras reliquias relacionadas directamente con la pasión y muerte de Jesucristo, como el Santísimo Sacramento.

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